La mujer: diseño perfecto de Dios

Dios, en su gran sabiduría, le hizo una mujer al hombre. Ahora bien, Dios les ha dado funciones diferentes al hombre y a la mujer. Veamos la belleza y la responsabilidad que le corresponden a la mujer como complemento al hombre.

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Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer” (Génesis 2.18, 21–22).

Dios, en su gran sabiduría, le hizo una mujer al hombre. No la hizo igual al hombre, ni inferior a él, ni superior a él, ni mejor que él, ni peor que él… la hizo perfecta. La hizo exactamente a la medida de lo que necesitaba el hombre.

Pero Dios sí la hizo diferente al hombre. La hizo diferente para que pudiera suplir lo que le faltaba al hombre. A pesar de las diferencias entre el hombre y la mujer, o tal vez a causa de las mismas, existe una bella armonía entre ellos cuando hacen la voluntad del Señor. La Biblia dice que “en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (1 Corintios 11.11). Entonces el varón no es más importante que la mujer, ni la mujer es más importante que el varón. Cada uno tiene el mismo valor ante Dios.

Ahora bien, Dios les ha dado funciones diferentes al hombre y a la mujer. El hombre ha sido diseñado por Dios para ser el líder. Eso quiere decir que él es responsable de dar dirección. En cambio, Dios diseñó a la mujer para ser un complemento al hombre en sus responsabilidades de liderazgo. Veamos la belleza y la responsabilidad que le corresponden a la mujer como complemento al hombre:

Ayudante (Génesis 2.18). La mujer es una ayuda idónea (apta, adecuada) al hombre, supliendo lo que a él le falta.

Compañera (Génesis 2.18). El hombre necesita de compañerismo. Necesita a alguien a su lado para animarle y apoyarle. ¡Ese alguien es la mujer!

Cuidadosa de su casa (Tito 2.5). La mujer, al estar en el hogar, provee un bello refugio y un ambiente de estabilidad tanto para el marido como para los hijos.

Madre. Dios les da a la mayoría de las mujeres casadas la hermosa oportunidad y responsabilidad de tener hijos. Uno de los mandamientos que Dios le dio a la primera pareja fue lo siguiente: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1.28). ¡Es una bendición tener hijos! La Biblia dice: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Salmo 127.3).

Muchos piensan que el papel de la mujer es inferior al del hombre porque ella fue hecha para ayudar y para servir. ¡No! ¡El papel de la mujer no es en nada inferior al del hombre! La verdad es que ella goza del privilegio tan sagrado y del encargo divino de suplir a la sociedad lo que el hombre no puede suplir, ¡y todo esto sin la pesada carga de liderazgo! Ahora bien, yo quiero reconocer, como hombre, que las dos razones más comunes por las que las mujeres modernas toman posiciones de liderazgo en el hogar, la iglesia y en la sociedad son las siguientes:

  1. El hombre no toma la posición que Dios le ha dado.
  2. El hombre abusa de su papel como líder.

¡Cuantas veces no hemos visto hombres que no se interesan por la crianza y la formación espiritual de sus hijos! Por eso muchas veces esa carga cae sobre la mujer. También estoy seguro que todos hemos visto hombres abusadores, hombres gritones, hombres enojadizos, hombres mandones, hombres perezosos… y la lista puede llenar esta página.

¡Dios nunca le mandó al marido ser así! Más bien le dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5.25). Además, Dios también les dice a los maridos: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3.7).

El lugar  de la mujer en el hogar

En cuanto sea posible, el hombre debe ser el que busca el sustento diario de la familia. Así la mujer puede cumplir con el mandamiento de ser cuidadosa de su casa. (Yo sé que hay mujeres que han enviudado, etc., y no me refiero a esas situaciones especiales.) Ser ama de casa no debe considerarse como algo inferior o despreciable. Más bien, yo pienso que debe considerarse como un privilegio poder cuidar y educar a los hijos, y al mismo tiempo atender al marido. En manos de la mujer está el privilegio de proveer para ellos un lugar de paz, armonía y encanto.

¡Cuán diferente sería el mundo si las mujeres se quedaran en casa! Algunas, al rechazar su lugar en casa y al salir a ganar dinero, dejan a sus hijos en casa o con alguien que se los cuide.

A consecuencia de esto no son las madres las que forman el carácter de los hijos, sino que es alguien más… tal vez sea la pantalla centellante del televisor. Un resultado directo de esto lo estamos viendo más y más en los niños que se convierten en jóvenes rebeldes y que después se hacen adultos sin firmeza ni estabilidad alguna. Y después nos preguntamos: ¿Por qué los hijos no respetan a sus padres y madres? ¿Por qué son tan rebeldes? ¿Por qué les gusta mejor la calle que la casa? Madre, el trabajo más importante que usted tiene está en su propia casa. ¡Aproveche esta oportunidad! De nada le servirá en su vejez tener mucho dinero y todas las comodidades, pero tener hijos que no la respetan; o peor aun, que están en las cárceles y los presidios. Por favor, invierta en sus hijos hoy. Ellos invertirán en usted mañana.

El lugar  de la mujer en la iglesia

“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2.3–5). Aquí notamos algunas cosas positivas que puede hacer la mujer de edad para ser de bendición en la iglesia y la sociedad donde vive. Por supuesto, esto aquí también nos enseña cómo deben ser el resto de las mujeres. ¡Qué llamamiento tan alto tiene la mujer! ¡Qué hermoso es ver a una mujer que vive así!

Es una verdadera lástima que hoy en día son muy pocas las mujeres que tienen estas cualidades. Incluso, hay mujeres que se dicen ser cristianas, pero que rechazan estas cualidades en sus vidas o rechazan los mandamientos de Dios para ellas porque prefieren los conceptos del mundo moderno. Y no sólo las mujeres tienen esos conceptos; los hombres también los promueven.

Hace poco, algunos hermanos y yo conversamos con un hombre que es muy activo en su iglesia. Él nos contó acerca de sus ayunos, de sus reuniones, de su capacidad de hablar en lenguas y de las muchas “bendiciones” que ellos recibían del Espíritu Santo en su iglesia. Mientras charlábamos, él se dio cuenta que nosotros cumplimos con lo que dice la Biblia en 1 Corintios 14.33–35: “Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”. Bueno, uno podría pensar que este hombre estaba de acuerdo con la Biblia si en verdad recibían tantas bendiciones del Espíritu Santo en su iglesia. ¡Pero no fue así! Él trató de persuadirnos que la Biblia realmente no quiere decir eso con relación a las mujeres. Este hombre trató de convencernos que nosotros debíamos dejar que las mujeres tomaran su turno en los cargos públicos de la congregación. Lo triste del caso fue que él hasta se enojó con nosotros porque no nos apartamos de lo que dice la Biblia con relación al papel de la mujer.

En 1 Timoteo 2.11–14, Dios nos indica dos razones por las que él manda que la mujer calle en la congregación: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Timoteo 2.11–14). En otras palabras, las dos razones por las que la mujer debe callar en la congregación son:

  1. Porque Adán fue formado primero.
  2. Porque fue la mujer (no el hombre) quien se dejó engañar por el diablo.

La mujer que aprende en silencio y que se comporta con toda sujeción recibirá muchas bendiciones en su vida, y no las mujeres predicadoras y mandonas que no se someten al hombre ni a Dios al estar en rebeldía. Estas mujeres no experimentarán en sus vidas la bendición de estar en armonía con el plan de Dios para ellas, a menos que se arrepientan de su rebeldía y obedezcan la palabra de Dios.

Existen varios ejemplos en el Nuevo Testamento donde se nota que algunas mujeres ministraban o servían a los santos, pero en ningún caso se ve que alguna de ellas se saliera del lugar que Dios les ha dado a las mujeres. Por ejemplo, las mujeres que fueron al sepulcro y vieron que Jesús había resucitado se convirtieron en mensajeras escogidas de Dios para dar a conocer lo que vieron y oyeron. Ellas anunciaron a los discípulos la maravillosa noticia de la resurrección de Jesús. ¡Pero ellas ni dieron un solo sermón acerca de la resurrección ni mucho menos pretendieron dirigir la iglesia! Estas mujeres piadosas fueron usadas por Dios porque aprendieron a no salirse del lugar que Dios les había dado como mujeres.

Por otro lado, Dios había prometido en Hechos 2.17 que las mujeres iban a profetizar. Y más adelante en este mismo libro vemos que había profetisas (véase Hechos 21.8–9). Sin embargo, no las vemos profetizando en público o dirigiendo algún servicio en presencia de los hermanos.

La Biblia aclara que las mujeres también reciben el Espíritu Santo. A las mujeres también les fue dado que hablaran en otras lenguas, que profetizaran, etc. ¡Pero siempre dentro del patrón que Dios ha dispuesto para ellas: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones”, y; “No permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”!

En conclusión

Dios nunca se confunde ni hay confusión alguna en él. Siempre hace todo a la perfección. Esto vemos claramente en la manera perfecta que él creó a la mujer y el papel que le ha dado. Además, la perfección de su creación la vemos en la dulzura que Dios le dio a la mujer, así como en su capacidad de amar con una ternura especial y única. Algo que no podemos dudar es el toque de Dios en la mujer que se aprecia al ver los instintos maternos que él le dio y su capacidad de percibir las realidades espirituales. En fin, existen muchos ejemplos acerca de la perfección de Dios en todo lo que tiene que ver con una mujer piadosa.

Démosle gracias a Dios por esa perfección con la cual Dios creó a la mujer y que notamos de una forma tan clara en la vida de la mujer piadosa, que es cuidadosa de su casa y la compañera especial del hombre de Dios. ¡Y que Dios sea bendito por los siglos de los siglos por haberle dado al hombre tan maravillosa ayuda idónea!

 

Publicadora Lámpara y Luz 26 Road 5577 Farmington, NM 87401, EE.UU.

Detalles

Idioma
Español
Número de páginas
4
Autor
Timothy D. Miller
Editorial
Lamp and Light
Temas
El hogar cristianoLa iglesia

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