Una mano amiga 19

Bienvenido a Una mano amiga, una revista cristiana al servicio de tu comunidad. Nuestra meta es ofrecer soluciones bíblicas para los problemas de la sociedad.

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Una mano amiga

Publicación #19

Bienvenido a Una mano amiga, una revista cristiana al servicio de tu comunidad. Nuestra meta es ofrecer soluciones bíblicas para los problemas de la sociedad.

 

 

Sección para jóvenes

 ¿Cuál es tu discapacidad?

Contenido:

La Biblia frente a la ciencia . . . . . . . . . . . . . .

El hogar cristiano . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿Qué dice la Biblia?

            El mundo de hoy . . . . . . . . . . . . .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una mano amiga:

Publicada trimestralmente

¿Te interesa responder a algunos de los artículos?

Envía tus pensamientos y comentarios a:

Roger Berry, Editor

2256 West Dry River Rd.

Dayton, Virginia 22821 EE.UU.

 

Traducida de Reaching Out por: Maná Digital

Publicación #19 (Corresponde la #99 en inglés)

El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso.

Editor: Roger L. Berry

Directiva: Joe Weirich, Wayne Miller, James Yoder, Clay Zimmerman

Escritores: Marlin Kreider, Elvin Stauffer, Clay Zimmerman, Roger L. Berry

Revisores: Glenn Kilmer, Lewi Graber

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No contamines el ambiente

—Clay Zimmerman

Hace no muchos años se desarrolló un producto muy útil llamado plástico. Era fuerte, liviano, y llegó a ser un producto muy económico. Con el plástico se empezó a fabricar toda clase de productos, desde juguetes hasta artículos para el hogar. El plástico se empezó a usar para las botellas de agua y gaseosa, las bolsas de pan, las compras en los supermercados, los recipientes de leche y muchas otras cosas. De pronto, el plástico se hallaba en todas partes.

Cuando el plástico llega a ser basura, se convierte en un serio problema, ya que no se deshace como los productos de papel y, a diferencia del metal y el vidrio, flota. El hecho de que el plástico flote es muy útil cuando se fabrican juguetes para la bañera y la piscina, pero las botellas y los recipientes plásticos están contaminando los ríos. En los Estados Unidos, el plástico ha llegado a ser el mayor problema de basura en los ríos y riachuelos.

Al observar lo que está sucediendo en el río Misisipi y otros grandes ríos del mundo, resulta obvio que el plástico está causando un gran problema. Hoy se calcula que cerca de nueve millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año. Aun las playas más remotas, donde hay pocas personas, se llenan de basura y tienen un aspecto horrible. Cuando el plástico al fin se deshace, se convierte en pedacitos microscópicos que los peces ingieren, y así el micro plástico se introduce en la cadena alimenticia. No solamente le hace daño a la naturaleza, sino que todavía no hemos visto el alcance de su daño.

Podemos hacer comparaciones entre el océano y nuestra mente y corazón. Todo lo que observamos y oímos llega a nuestra mente y corazón, y  difícilmente podemos eliminarlos. Tanto los adultos como los niños están llenando su memoria con miles de actos de violencia e inmoralidad que llegan a través de los medios de comunicación. Las canciones populares repetidas con frecuencia en la radio quedan impresas de por vida en la memoria. El diablo usa estos medios para crear y fomentar la impiedad.

Proverbios 23:7 dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Jesús le añade a este versículo al decir: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mateo 15:19-20).

Pon tu propio aviso de: “No contamines el ambiente”. Al fin y al cabo, toda basura hace daño, por poca que sea. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sección para jóvenes

¿Cuál es tu discapacidad?

—James Baer

Todos en una u otra ocasión nos sentimos incapaces. Quizá deberíamos sentirnos así siempre, porque Jesús dijo que aun después de que hayamos hecho todo lo que se nos ha mandado a hacer, debemos reconocer que somos siervos inútiles (Lucas 17:10). A menudo nos maravillamos de cómo Dios puede hacer algo a pesar de nuestra condición débil y mortal. Verdaderamente solo por medio de su gracia podemos serle útiles. Enfrentamos la discapacidad de nuestra carne, que nos es un estorbo. Sus limitaciones nos recuerdan constantemente que sin el poder de Dios que obra a través de nosotros, no somos nada.

El diablo, por medio del pensamiento de la nueva era, nos quiere hacer creer que somos dioses. Él le sugirió esa idea a Eva en el huerto. Dijo que si Adán y Eva comieran del fruto prohibido llegarían a ser como Dios, sabiendo el bien y el mal (Génesis 3:5). Este pensamiento inunda la sociedad hasta nuestros días. Sugiere que podemos superar la debilidad humana por nuestra propia fuerza; que en nosotros mismos está el poder para convertir el mundo en un lugar mejor. Esta manera de pensar ha afectado a muchos cristianos y los ha llevado a exaltar al hombre en lugar de exaltar a Dios.

La historia nos dice que cuando ha habido una creciente exaltación del hombre, los resultados han sido terribles. Cuando una cierta raza se ha considerado superior o poderosa, ha despreciado y perseguido a los menos afortunados, y ha llevado a muchos a la miseria y la destrucción. El régimen nazi en Europa, en las décadas de los treinta y cuarenta, es solo un ejemplo de esto. La creciente exaltación del hombre moderno traerá los mismos resultados desastrosos para la humanidad futura.

El verdadero cristiano reconoce su insuficiencia y comprende su necesidad de depender de Dios. “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:5).

El apóstol Pablo comprendía muy bien la debilidad de nuestra carne. Reconocía que todo deseo de gloriarse debía ser sometido a Dios, y que necesitaba la ayuda de Dios para evitar exaltarse a sí mismo (2 Corintios 12:6-7). Él comprendía su discapacidad en la debilidad humana. La respuesta de Dios a su deseo de ser libertado del aguijón en la carne fue esta: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Pablo se regocijaba y hasta podía gloriarse en sus debilidades para que el poder de Cristo descansara sobre él.

Por lo tanto, la discapacidad humana no es un obstáculo para el seguidor consagrado a Cristo. Bien recuerdo a un hombre en las Filipinas que superó su discapacidad. Él sufrió de la polio en su niñez, y sus pies colgaban como trapos de sus piernas torcidas y delgadas; tan delgadas como su bastón. Tenía la estatura de un niño de ocho a diez años, y cojeaba con gran esfuerzo, estirando su cuerpo hacia adelante con cada paso. De esa manera pasaba al frente para impartir la clase de la escuela dominical, avanzando con gran dificultad y llevando un libro y la Biblia en una mano y el bastón en la otra. Cuando apoyaba el bastón contra el púlpito, el bastón muchas veces caía al piso ruidosamente.

Así se paraba él frente a la congregación, apoyándose sobre el púlpito y tratando de ver por encima, nos enseñaba de las Escrituras. Su rostro irradiaba la presencia de Cristo, y disfrutaba de enseñar del Cristo a quien amaba. Cada uno de nosotros podía sentir su amor por nosotros y su preocupación por nuestras almas. Había algo en su carácter que lo hacía guardar a la congregación en su corazón. Algunos decían que, si todos los misioneros extranjeros hubieran tenido que salir, él hermano discapacitado bien se habría encargado de la iglesia allí. No hubiera durado mucho tiempo al frente, ya que Dios pronto se lo llevó. Sin embargo, ¡qué lección nos dejó! Nos enseñó mucho sobre la vida; lecciones que no habíamos conocido antes.

Él nos demostró que los obstáculos de la vida no impiden una fe viva. Nos enseñó que la debilidad humana no tiene que opacar una vida fructífera. Nos ayudó a ver que aun las circunstancias que parecen desesperantes no tienen que desanimar al buen hombre de Dios.

¿Sufres alguna limitación humana? ¿Se te hace difícil hablarles a los demás de su necesidad de un Salvador? ¿Enfrentas tu ministerio con desesperación porque te parece que tu congregación halla más grande tu debilidad humana que tu mensaje?

¡Presta oído! La gracia de Cristo es suficiente. Dios es grande, y su poder es mayor que nuestras discapacidades. Por causa de Cristo, podemos tomar placer en estas cosas; ya que, en nuestra debilidad, él encuentra la oportunidad para hacernos fuertes. Por lo tanto, ¡sé fuerte! “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” Efesios 6:10.

 

¿Puede Cristo cambiar tu discapacidad en una bendición?

Si no eres cristiano, puedes hallar propósito y sentido para vivir con una discapacidad. Cristo puede transformar tu desánimo en utilidad.

  • Rinde tu vida a Cristo; acepta el camino de la Biblia. Arrepiéntete del pecado que estorba tu vida.
  • Pídele a Jesucristo que limpie tu vida y te convierta en una nueva persona por medio de su poder.
  • Sigue a Cristo diariamente en tu vida y busca una congregación cristiana fiel que te pueda animar.
  • Pídele a Dios que te muestre cómo puedes usar tu discapacidad para retar a otros a servir a Cristo con los dones que él te ha dado.

 

Tomado de The Christian Contender (El contendiente cristiano), usado con permiso de la publicadora Vara y Cayado, Crockett, Kentucky 41413

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Biblia frente a la ciencia

¿Qué es el hombre?

—Elvin Stauffer

¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria? (…) Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos (Salmo 8:4-6).

Dios es soberano

El contexto de nuestra pregunta en el título de esta sección es la excelente gloria, poder, sabiduría y majestad de Dios (Salmo 8:1-5). La palabra “soberano” describe el hecho de que Dios es superior a todos los demás seres en poder, rango o autoridad. Dios es omnipotente (todopoderoso). “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía [de la nada]” (Hebreos 11:3). “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Salmo 33:9).

Dios es omnipresente: está presente en todo lugar. “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jeremías 23:24; Salmo 139:7-8). No suceden cosas a un lado del mundo sin que Dios se entere porque él esté ocupado al otro lado del mundo.

Dios también es omnisciente: todo lo sabe. “Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí” (Salmo 139:4, 6).

Es fácil decir estas cosas, pero quedarse callado y reconocer la grandeza de Dios conscientemente es estar llenos de reverencia, asombro y adoración. Los animales glorifican a Dios cuando siguen su instinto y hacen aquello para lo que fueron creados. Sin embargo, el hombre es el único en el que Dios “sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Solo el hombre puede realmente adorar a Dios y gozar de compañerismo con él, lo cual es el propósito por el que Dios lo creó (Génesis 3:8-10). Es increíble pensar que un ser tan grande y eterno se haya dignado a bajar a nuestro nivel y amarnos (Salmo 136:23).

Cuando Adán les puso nombre a los animales, no se halló compañera ideal para él, así que Dios creó a la mujer. Hoy muchos rechazan el compañerismo humano y buscan el compañerismo con gatos, perros, hurones y hasta serpientes. Los animales tienen su lugar, pero una devoción excesiva hacia ellos es un afecto erróneo.

El hombre es mortal

“¿Será el hombre más justo que Dios? (…) He aquí, en sus siervos no confía (…) ¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro, cuyos cimientos están en el polvo, y que serán quebrantados por la polilla!” (Job 4:17-19).

Satanás perdió su puesto como querubín (Ezequiel 28:13-17). Desde entonces, él ha procurado difamar y corromper la creación de Dios, especialmente al hombre como corona de la creación. En el mensaje a Job por medio de Elifaz (Job 4:12-16), Satanás presenta un cuadro del hombre como un ser débil e indefenso ante un Dios intolerante al que no se puede complacer. (Esta misma acusación de un “Dios injusto” fue presentada a Eva en Génesis 3:1-5). Esta es la actitud del hombre cuando ha rechazado a Dios. Solamente en Cristo puede el hombre disfrutar de “una salvación tan grande” y gozar de una amplia entrada en el reino eterno (Hebreos 2:3; 2 Pedro 1:11). ¡Dios es bueno!

En contraste con sus “amigos”, Job da expresiones notables de fe en un Redentor personal. “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne [cuerpo inmortal] he de ver a Dios” (Job 19:25-26). Véase también Lucas 24:39, Hechos 1:11 y 1 Corintios 15:44.

El hombre es como la hierba, vive por un momento y luego desaparece. “Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán” (Salmo 37:2). Al comparar al hombre con Dios, el hombre es tan pequeño, imperfecto y vulnerable en este mundo pecaminoso. En cambio, Dios tiene poder para “hacer callar al enemigo y al vengativo” [de nuestras almas] (Salmo 8:1-3). Él está al tanto de nosotros y, después de la caída del hombre, proveyó un plan de salvación, dando a Jesús como nuestro Salvador (Apocalipsis 13:8, Job 14:15). La humanidad secular también puede aprovechar los recursos de la creación de Dios, pero es únicamente en Cristo que experimentamos completa paz y satisfacción en nuestra vida personal, en el hogar y en la iglesia.

Dios entonces puede coronar al hombre “de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (Salmo 8:5-6). “Hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19).

Paganismo evolutivo

En el antiguo relato de Gilgamesh, el “génesis babilónico”, se halla un típico origen pagano del hombre. Esta historia tomada de tablillas de arcilla cuenta de dioses que luchaban. Cuando mataron a uno de ellos, de su cuerpo crearon la tierra y de su sangre crearon al hombre.

Estas historias nos pueden parecer absurdas; sin embargo, el panteísmo (la creencia que hay dioses en la naturaleza) ha sido una creencia humana predominante a través de la historia. También hoy, algunos intelectuales vuelven a creer que el ambiente es un cuerpo vivo y lo adoran en las religiones orientales como “Ghia”. Esto coincide con la mentalidad evolucionista de que los dioses luchadores representan las fuerzas de la naturaleza que luchan por formar el universo.

La verdadera visión del mundo natural es que Dios es trascendente y obra en su creación. Él no es en sí la creación. En el sistema de creencias paganas y evolutivas, la materia es eterna, en lugar de Dios eterno; es el origen y fundamento de todas las cosas. Ellos creen que este mundo material cada vez está evolucionando, dejando atrás el caos para avanzar hacia un futuro perfecto. Recientemente sus campañas están destinadas a salvar el planeta. Muchas aves y animales están en peligro de extinción, lo que se atribuye a la interferencia humana.

El secularista cree que el cuerpo humano no es más que unos kilos de carne y hueso de la especie Homo sapiens. Químicamente, el cuerpo está compuesto mayormente de átomos de carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno. Cerca del 60% de estos átomos se encuentran en las moléculas de agua, H2O. Aunque estos elementos representan un costo insignificante, su organización y función en el cuerpo no tienen precio y tampoco pueden ser reproducidas. Los científicos hoy han visto el código de nuestro ADN y aún más allá. La información genética en el ADN del núcleo de cada célula en nuestro cuerpo desafía la idea de un origen natural aleatorio. Si escribiéramos los símbolos ordenados de un solo genoma en libros, llenarían 2.000 volúmenes para los que se necesitarían una repisa de la longitud de un campo de juego. En el principio, Dios escribió perfectamente en su libro el código original de vida de cada organismo, planta y animal (Salmo 139:14-16). Las mutaciones se han acumulado desde que el hombre cayó en el pecado.

Al examinar cualquier parte del cuerpo humano, sea el ojo o el oído, notamos un milagro en su forma y función. Charles Darwin, quien popularizó la idea de la evolución, una vez dijo que sentía escalofríos al pensar en la complejidad del ojo. Escribió: “Confieso que es sumamente absurdo pensar que el ojo, (con tantas partes diferentes que funcionan en conjunto) (…) podría haber sido formado por la selección natural”.

Pero, con mucho hablar, él hizo que lo imposible fuera posible, lo posible, probable y lo probable, cierto. Esto revela la rebelión de Darwin al rechazar a su Dios Creador. (Él estudió como teólogo, no como científico). Algunos científicos han dicho: “La única alternativa a la evolución natural es la creación, y eso es inconcebible”. Un científico declaró que, si la creación fuese verdad, sería mejor para él buscarse un trabajo como conductor, ya que su educación habría sido una farsa.

Hecho “a imagen de Dios”

El registro de la Biblia se diferencia de los relatos de origen pagano puesto que es el registro histórico, verdadero y moral de la obra de Dios en el mundo real. Las Escrituras describen a Dios y al hombre como seres trinos. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta pluralidad de Dios se muestra en las Escrituras hebreas cuando Dios dijo en la creación: “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Génesis 1:26).

El hombre es cuerpo, alma y espíritu. Esto se indica en la expresión: “Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible” (1 Tesalonicenses 5:23). También poseemos intelecto, emociones y voluntad, que es la capacidad de escoger. Dicha capacidad muchas veces es una elección entre lo que sabemos que es correcto (lo que dicta la conciencia) y lo que sentimos (nuestra carne).

Esta elección determina si el hombre llegará a su llamado supremo o si descenderá a lo más bajo de la depravación moral, aun por debajo de la conducta animal. Los animales actúan por instinto, pero nuestra capacidad de desenvolvernos en el bien o el mal revela la imagen de Dios implantada en nosotros. “Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo” (Salmo 82:6 y Juan 10:34).

El llamado supremo presentado al hombre en la creación es: “¡Hay trabajo que hacer!” “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread (…) en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28, Salmo 8:6). Este mandato es la autorización para la minería, ganadería, el desarrollo de la medicina y el uso del conocimiento para el desarrollo tecnológico. Sin embargo, cuando el hombre usa estos recursos con orgullo y con propósitos egoístas, trae mucha tristeza y destrucción al mundo. El mundo natural fue creado para el bienestar del hombre y la gloria de la sabiduría y el camino recto de Dios (Salmo 145:17).

 

Fuentes:

La Biblia – la Palabra de Dios

Doctrine of the Bible (Doctrina de la Biblia) – Daniel Kauffman (dual nature [doble naturaleza])

The Troubled Waters of Evolution (Las aguas agitadas de la evolución) – Henry Morris (Babylonian Genesis [El génesis babilónico])

The Human Body: An Intelligent Design (El cuerpo humano: un diseño inteligente) – Gillen, Sherwin & Knowles (The Eye [El ojo])

Not by Chance (No por casualidad) – Dr. Lee Spetner (DNA[ADN])

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hogar cristiano

El hogar final, perfecto y eterno

—Marlin Kreider

Todos los hogares terrenales, aun los mejores hogares cristianos, tienen algunas imperfecciones y deficiencias. Esto es porque somos humanos, falibles y finitos (limitados). Únicamente Dios es infalible (libre de errores) e infinito (sin límites). Por tanto, cuando Jesús les dice a sus discípulos en Juan 14:2: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”, él hablaba del cielo, el hogar final, perfecto y eterno de los justos.

El cielo de Dios es un lugar preparado para personas preparadas. Contrario a la opinión popular, contrario a lo que se dice en muchos funerales hoy, no todos irán al cielo. Ningún pecado entrará en el cielo perfecto y santo de Dios. Únicamente irán al cielo aquellos que se hayan arrepentido de sus pecados y en fe hayan creído en Jesús como su Salvador y Señor personal. Jesús, en Lucas 14:33, claramente declara las condiciones para los que quieren ser sus seguidores: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

Discípulo es el que sigue a Cristo en obediencia a sus enseñanzas en la Palabra de Dios. Para llegar con seguridad al cielo tras finalizar nuestra vida terrenal, debemos seguir la senda que lleva al cielo. Esta senda es el camino de la cruz que nos lleva a nuestro hogar. En 1 Juan 2:6 la Biblia dice: “El que dice que permanece en él [Cristo], debe andar como él [Cristo] anduvo”. El apóstol Pablo, el cicatrizado veterano de la cruz, dio su testimonio: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Los cristianos somos los que buscamos esa bendita esperanza y la gloriosa segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Estos son los que entrarán con él al gozo y descanso eterno. Nosotros también podemos gozar de la vida eterna y de este hogar eterno si nos negamos a nosotros mismos, tomamos la cruz y seguimos a Jesús en nuestra vida. El poeta lo describe muy bien:

El santo que entra al cielo,

El que nace de descendencia real,

O mora con todos los santificados,

Es primero santo en la tierra.

Aunque nuestros hogares terrenales carecen de perfección, el plan de Dios es que el hogar cristiano sea un pequeño cielo aquí en la tierra. Debe ser un oasis en este mundo desierto de pecado y maldad. Debe ser un lugar seguro en donde nacen los jóvenes e inocentes, donde se les enseña y protege al crecer. Para que esto suceda, tiene que haber fidelidad en el matrimonio. Los padres tienen que estar comprometidos al señorío de Cristo y el uno al otro. Se debe desear, amar e instruir a los hijos. La Biblia en Efesios 5:21-33 describe la unidad del hogar como un cuadro de Cristo y la iglesia. ¡Qué alto ideal para los matrimonios y hogares entre nosotros! Este es el estándar que hemos procurado promover y presentar en esta sección de “El hogar cristiano”.

Dios, en su sabiduría, estableció esta institución terrenal llamada el hogar para que sea una representación, un ejemplo y un testimonio del plan eterno y espiritual de redención de Dios por medio de Cristo y su iglesia. Esta unidad terrenal, el hogar, debe estar conformada por un hombre y una mujer que se unen de por vida, hasta que la muerte los separe. Dios bendice con hijos a la mayoría de estas uniones. ¡Cómo se pierde la verdad y se pierde la analogía cuando la unión del matrimonio se rompe y se destruye! Satanás busca arruinar el bello plan de Dios y robarle a Dios la gloria.

La Biblia habla de la bella analogía entre el hogar y Cristo y su iglesia en Efesios 5:30-32: “Porque [los seguidores de Cristo] somos miembros de su cuerpo (…) Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia”. ¿Quién puede comprender o agotar la profundidad y belleza de esta gran verdad? “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).

Hoy, nuestra sociedad está perdiendo estas verdades fundamentales: 1) la belleza y lo sagrado de la unión matrimonial, y 2) la pureza, el poder y la gloria de la iglesia de Jesucristo. En general, tanto el hogar como la iglesia se hallan en declive, deterioro y decadencia. Si queremos sobrevivir como una sociedad, si deseamos escapar de la ira de Dios y su juicio del pecado, debemos volver a restaurar sus absolutos de verdad en nuestro hogar e iglesia. ¿Quién puede negar que necesitamos de un avivamiento, un regreso a una vida santa y piadosa? Únicamente existen dos caminos, y estos llevan a dos destinos opuestos: el cielo y el infierno. Lee en cuanto a estos dos caminos en Mateo 7:13-14. Es hora de que la iglesia vuelva a predicar la verdad sobre el cielo y el infierno. Es hora de que tanto la iglesia como el hogar enseñen lo que la Biblia claramente pide de los que quieren entrar en el santo cielo de Dios, el refugio de descanso. ¡Necesitamos un avivamiento! ¿Quieres regresar a Dios por medio de Cristo para ser salvo?

Al pensar en el cielo como nuestro hogar final y eterno, también debemos comprender la verdad gloriosa de la resurrección. Jesús dijo en Juan 5:28-29: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. ¿Serás tú de los que resuciten para vida en el cielo, o de los que resuciten para condenación en el infierno? ¡La elección es tuya!

La resurrección es lo que separa al cristianismo de las otras religiones. Tenemos un líder vivo; Jesucristo nuestro Señor y Salvador es la cabeza de la verdadera iglesia cristiana. Él vivió y murió para proporcionar redención a la humanidad pecaminosa y, ¡resucitó aquel primer día de la semana y está vivo hoy y por siempre! (Véase Apocalipsis 1:18). Jesús les dijo a sus seguidores fieles en Juan 14:19: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis”. ¡Alabemos a Dios por la esperanza de la resurrección que goza el cristiano!

Se aproxima un día de bodas eterno. Se llama la cena de las bodas del Cordero. Puedes leer de ello en la Biblia en Apocalipsis 19:5-9. Es la hora en que toda la maldad será destruida. Jesucristo, el Novio, llevará a su novia, la iglesia, a vida eterna en las glorias del cielo.

Fanny Crosby, una mujer ciega, compositora, escribió sobre la verdad emocionante de la segunda venida de Cristo, la resurrección de los justos a vida eterna y de nuestro hogar eterno en el cielo. ¡No me lo quiero perder! ¡Encontrémonos allá!

 

 

 

 

 

 

 

Cuando la trompeta del gran arcángel

Suene sus potentes tonos,

Y se proclame el fin del mundo

En sus inmensas profundidades,

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria

Con todos los santos de lo alto,

¡Qué gran coro sonará en el cielo por la gran multitud,

Cambiada en un abrir y cerrar de ojos!

 

 

Cuando él regrese en las nubes

Y los que aquí lo amaron,

De sus tumbas despertarán y lo alabarán

Con gozo y sin temor,

Cuando se unan el cuerpo y el alma,

Y sean vestidos para ya no morir,

¡Qué alegría habrá al vernos cara a cara,

Cambiados en un abrir y cerrar de ojos!

 

Oh, la semilla sembrada en debilidad

Será entonces elevada en poder,

Y los cantos de los millones comprados por sangre

Darán la bienvenida a esa hora de gozo,

Cuando nos reunamos a salvo en nuestro hogar aquella mañana

Y vuelen las sombras nocturnas,

¡Qué júbilo habrá en la ribera cuando seamos reunidos para ya no haber separación,

Cambiados en un abrir y cerrar de ojos!

 

¿Cómo hallo el perdón?

¿Alguna vez te has visto desanimado porque alguien rehúsa perdonarte por algo que hiciste? Puedes suplicarle a la persona y hacer todo lo posible por hacer restitución, y siempre te rechaza. Descubres que estás completamente a la merced de la persona que heriste. Quizá también conozcas la emoción y la paz mental que llega cuando alguien te dice las dos sencillas palabras: “Te perdono”. Quizá no merezcas el perdón ni puedas deshacer el daño que has causado, pero qué gozo trae el perdón.

De igual manera sucede con Dios. La Biblia dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Nunca podremos deshacer todo el daño que le hemos causado a nuestro Creador, pero Dios envió a su único Hijo, Jesucristo, a librarnos de la culpa de nuestro pecado. “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).

En la Palabra de Dios, la Biblia, hallamos las medidas a tomar para hallar perdón por medio de Jesucristo. Confiesa tu pecado y clama al Señor Jesús.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación (…) porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. (Romanos 10:9-10,13).

Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y clamamos al Señor Jesús, hallamos perdón y él nos limpia “de toda maldad” (1 Juan 1:9).

El perdón y el arrepentimiento no se experimentan una sola vez. Tenemos que continuar en los pasos de Jesús y huir del pecado. Jesús dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué dice la Biblia?

En cuanto al pecado

—Roger Berry

Sería interesante que salieras a tu pueblo o ciudad e hicieras la pregunta: “¿Qué es el pecado?” ¿Cuáles respuestas recibirías? ¿Habría tantas respuestas como hay personas? ¿Qué responderías ante tal pregunta?

Algunos dirían que robar, matar o cometer adulterio normalmente es pecado. Sin embargo, también dirían que hay ocasiones en que no lo es. Quizá te digan que robar para alimentar a la familia es permisible. Quizás matar en defensa propia no sea malo. Tal vez el adulterio no sea pecado para mí si mi cónyuge ya anda con otro compañero.

Hace algunos años un psiquiatra escribió un libro titulado ¿Qué habrá pasado con el pecado? Aquel título me hizo entrar en curiosidad, así que compré el libro en una tienda de libros usados. El escritor tenía muchos buenos pensamientos. Se angustió al ver que el mundo buscaba solucionar sus problemas y hablaba sobre la moralidad sin ni siquiera mencionar el pecado. Él concluyó que debemos tener un sistema organizado de cosas que son buenas y malas. Algunas de estas cosas deben ser identificadas como pecado y, por lo tanto, deben estar prohibidas. Continuó diciendo: “La única manera de tratar con la depresión que atormenta a los religiosos, los psiquiatras y la gente corriente es por medio de un entendimiento claro del pecado.

El escritor psiquiatra tenía razón en lo que dijo; sin embargo, no dio ninguna orientación específica sobre lo que es pecado y lo que no lo es. Dejó esa decisión en manos de las varias religiones o aun de la sociedad. No obstante, sabemos que varios credos y personas llegarán a conclusiones diferentes sobre qué es el pecado. ¿Es posible realmente definir el pecado de esta manera?

 

IDENTIFICA EL PECADO COMO LO QUE REALMENTE ES…

CONFIESA EL PECADO Y ARREPIÉNTETE…

RECHAZA EL PECADO…

ACEPTA EL RESCATE DEL PECADO QUE DIOS TE OFRECE.

 

¿Qué dice la Biblia?

Realmente, la única manera segura y veraz de entender qué es el pecado es por medio de consultar la Biblia, la Palabra de Dios para la humanidad pecaminosa. La palabra pecado o pecados se halla en más de 500 versículos en la Biblia. La Biblia también usa muchos sinónimos para el pecado tales como transgresión, rebelión, desobediencia, injusticia, infracción y maldad. Además, la Biblia menciona muchos pecados específicos tales como la idolatría, la hechicería, la lascivia, el adulterio, la mentira, el hurto, el homicidio, el odio, la envidia (los celos), la codicia (la avaricia) y muchos más.

La Biblia define el pecado como la infracción (desobediencia) a la ley de Dios (1 Juan 3:4-5). “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción [desobediencia] de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él”. El pecado viola el estándar de Dios sobre lo que es bueno y lo que es malo. Infringir el territorio de otro es meterse donde uno no debe; entrar en la propiedad que no nos pertenece. Así que, cuando un hombre tiene relaciones sexuales con una mujer que no es su esposa, ha tomado lo que no le pertenece. Cuando alguien roba, obviamente toma algo que no le pertenece. La Biblia define a cuáles lugares no debemos ir y cuales cosas no debemos tomar porque no nos pertenecen.

Muchos tienden a poner excusas por sus acciones o pensamientos al decir: “Pero lo que yo hago realmente no es pecado”. Es muy fácil engañarnos a nosotros mismos y decir: “No es tan malo lo que hago”. O quizá: “Los demás lo hacen”. O: “Realmente no me siento mal; por lo tanto, debe estar bien”. O: “Dios me hizo como soy, entonces él me entiende”.

El pecado puede ocurrir en los pensamientos, en la mente. “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15). Jesús dijo: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28). Y, por supuesto, lo que está en la mente sale en nuestras palabras y hechos.

La Biblia no enseña que el pecado es la ausencia de lo bueno o una ilusión que resulta de las limitaciones humanas. La verdad es que es un mal; es desobediencia a Dios. Es la rebelión de hombres y mujeres hacia su Creador.

Si no se trata el pecado en la vida, produce muerte espiritual. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Sin embargo, no es necesario que el pecador tenga que sufrir separación eterna de Dios. Jesucristo ha provisto una manera en que podamos hallar libertad de nuestro pecado y recibir vida eterna por medio de Cristo.

Por tanto, ¿cómo escapamos de las consecuencias eternas de vivir en pecado y desobediencia a Dios?

  1. Identifica el pecado por lo que es y, además de eso, reconoce como pecado las cosas que te llevan a pecar. Admite prontamente delante de Dios y otros que has pecado y que has desobedecido a Dios. ¿Estás dispuesto a decir: “Me equivoqué”? El rey David en el Antiguo Testamento cometió inmoralidad y reconoció que tenía que identificarla por lo que era. Él dijo: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3). Luego reconoció que su pecado era primeramente una violación de la ley de Dios. “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”.
  2. El siguiente paso es confesar ese pecado y arrepentirnos de él. Primeramente, lo confesamos a Dios y luego a otros que saben que hemos pecado o que han resultado perjudicados por nuestro pecado. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:9-10).
  3. El próximo paso es abandonar el pecado y las cosas que nos llevan al pecado. El hijo pródigo volvió a su hogar y rechazó las influencias malvadas que lo habían llevado tan lejos en su rebelión contra Dios. “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).
  4. El cuarto paso es aceptar el camino de libertad del pecado que Dios ha proporcionado. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Corintios 10:13-14). Huir de la idolatría significa apartarse de las cosas que nos pueden seducir al pecado. Quizá sea licor, drogas o una relación con los “amigos” que nos incitan a desobedecer a Dios. Quizá sea una adicción a la pornografía, las redes sociales u otras cosas que contaminan la mente.

 

¿Quién te obligó a hacerlo?

—Dallas Witmer

Desde que Adán culpó a Eva, y Eva a la serpiente (Génesis 3), las personas han evitado la responsabilidad personal. Echarle la culpa a otro llega a ser un fuerte hábito. Sin embargo, aceptar la responsabilidad, que de todos modos al fin no podemos evitar, es el camino a la libertad verdadera. En la siguiente lista, compara las primeras tres actitudes con las últimas tres, y te resultará obvio cuál es la lista que expresa la libertad verdadera:

“Es que tengo que conseguirlo”.

“Así soy yo”.

“Es que me sacan de quicio”.

“No es preciso que yo lo consiga”.

“Discúlpame. Con la ayuda de Dios, mejoraré”.

“Otros no pueden hacer que yo me enoje”.

La responsabilidad personal es un asunto serio. Nuestra vida y nuestro destino eterno dependen de las decisiones que tomamos. Otras personas y circunstancias nos pueden probar severamente; sin embargo, no está en ellos el poder de determinar quiénes somos, cómo actuaremos o cuál será nuestro destino. Dios nos ha dado el derecho de escoger en esas áreas. Somos el producto de las decisiones que hemos tomado, no de la manera en que otros nos han tratado. Únicamente nuestras decisiones tendrán efecto sobre nuestro destino.

Dios nos creó seres inteligentes. La habilidad de escoger es nuestro derecho. Y la responsabilidad de escoger bien es nuestro encargo divino. Para nosotros, la vida es una larga serie de decisiones. ¡Y tenemos que tomar decisiones! Aun tenemos que decidir si queremos postergar una decisión o no. En ambos casos, sea que posterguemos o no, y para toda decisión que tomemos en la vida, tendremos que dar cuenta a Dios.

Así que, ¿qué hacemos cuando nos damos cuenta de que hemos tomado una decisión incorrecta? ¿Qué hacemos cuando nos enteramos de que hemos tomado una decisión equivocada y hemos pecado contra Dios, o le hemos causado daño a otra persona? La manera responsable de proceder consiste en corregir, hasta donde sea posible, los efectos de nuestro fracaso con un arrepentimiento apropiado, pedir disculpas y hacer restitución. La sensación de alivio que experimentamos cuando huimos de nuestros problemas no se puede comparar con el alivio de una conciencia limpia. Evadir la responsabilidad nos lleva en un declive donde finalmente terminamos en las profundidades del fracaso que nunca habríamos escogido.

La Biblia dice que de Dios proviene tanto el deseo como la capacidad para hacer lo correcto. “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). Dios tomó el primer paso cuando Cristo murió por nuestros pecados.

Reconocer nuestra pecaminosidad y arrepentirnos sinceramente delante de Dios es la decisión más responsable que podemos tomar. Tal decisión hace posible que recibamos su perdón. Y de ese día en adelante debemos escoger el camino de Dios sin importar cuál sea el costo para nuestro propio deseo egoísta. Nuestro caminar con Cristo llega a ser la escuela de la vida en donde aprendemos la verdadera sabiduría, donde hallamos el éxito real y experimentamos el gozo verdadero. Una vida responsable contrasta con la anterior vida de frustraciones y fracasos del esclavo del pecado y la carne; del que tiene el hábito de culpar a otros.

El hombre de Dios nunca dice: “El diablo me obligó a hacerlo”. Y si tú has dicho esas palabras, por la gracia de Dios, ¡arrepiéntete de ello hoy!

El mundo de hoy

¿Qué es la verdad?

—Roger L Berry

¿Qué es la verdad? La respuesta debería ser obvia, ¿verdad? Con el paso de los años la definición de lo que es verdad ha cambiado entre la gente. Por ejemplo, el diccionario de Noah Webster de 1828 define la verdad como: “La conformidad a los hechos o la realidad; la concordancia exacta con lo que es, ha sido o será”. Dicho diccionario incluso representó el uso de la palabra por medio de citar dos pasajes de las Escrituras, uno de los cuales decía: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Un diccionario moderno define la verdad como: “El conjunto de las cosas reales, los eventos y hechos, el estado de razón”. Sin embargo, hay otra definición con una pequeña diferencia: “Un juicio, propuesta o idea que es verdad o aceptada como verdad”.

Cuando las personas aceptan algo como verdad, ¿significa que lo aceptado es verdad? ¿Cómo puede ser que algo sea verdad para unos y no para otros? ¿Será cierto que la verdad depende de nuestra percepción?

Hace poco una senadora de los Estados Unidos dijo que sus antepasados eran indios norteamericanos. Algunos se burlaron, incluso el presidente. Por lo tanto, ella se hizo una prueba de ADN con lo cual demostró que sí tenía ascendencia india unas cuantas generaciones atrás. La prueba del ADN lo había confirmado y nadie dudó del resultado. (Dios ha permitido que el hombre descubra el ADN que él creó, y las personas lo usan para probar asuntos sobre ascendencia. También se usa para comprobar quién es el padre de cierto hijo cuando la madre no tiene seguridad al respecto. El ADN es veraz y nadie duda de ello).

En nuestros días, sin embargo, se ha popularizado la idea de que podemos hacer a un lado la certeza del ADN cuando se trata del género de una persona. Si la persona siente que “pertenece” a un género diferente que aquel con el que nació, las personas lo aceptan como un hecho a pesar de que una simple prueba de ADN confirmaría el género. Por ejemplo, si un hombre “siente” que su género ha cambiado, y hasta se hace cirugías para eliminar algunos de los distintivos de su género, una prueba de ADN seguiría indicando que “ella” sigue siendo él. El género no es solamente un sentimiento; es una realidad. Acudimos a las pruebas de ADN para comprobar algo con certeza. Sin embargo, el ADN no comprueba algo que está basado en sentimientos o preferencias.

Cuando tratamos asuntos de principios morales, más y más las personas se guían por sus sentimientos. Algunas llegan a la conclusión: “Le he sido infiel a mi compañera pero no me siento mal” o “no siento que mentir sea malo con tal que no perjudique a nadie”, y la lista podría seguir. Las personas se han tragado la idea moderna de que verdad es lo que es “aceptado como verdad”. Aun las cortes se han dejado llevar por la opinión pública o la presión.

Cuando Jesús anduvo en la tierra, un gobernador le preguntó: “¿Qué es la verdad?” Jesús acababa de decirle: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37).

Dios y su Hijo Jesucristo son la verdad. ¿A quién más que el Creador del universo ordenado podemos acudir con seguridad para hallar la verdad? ¿A quién sino al Creador del ADN? Todos los días dependemos de numerosas realidades, o más bien verdades, que Dios ha incorporado en el universo. Está la verdad de la gravedad que nos sostiene en la tierra y nos muestra precisamente lo que se erige derecho sobre la tierra, y lo que no, para que podamos construir con precisión. Hay muchas leyes incambiables incorporadas en el universo para nuestro bien y orientación. Las pruebas de ADN y las leyes que Dios ha plantado en la naturaleza hacen que no podamos escapar de la verdad.

Tampoco podemos escapar de la realidad hallada en la Palabra de Dios. Romanos 1:29-31 tiene una lista larga de pecados que corrompen el mundo incluidas la lascivia y varias formas de inmoralidad, tales como la homosexualidad. Además, menciona otros pecados que algunas personas no consideran tan malos, como la avaricia, la murmuración, las injurias y aun la desobediencia a los padres.

Luego dice en Romanos 2:2: “Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad”. No podemos escapar de las consecuencias que vienen para el que no cree o no obedece a la verdad de la Biblia.

Realmente es la verdad de Dios que nos hará libres. Jesús dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). Cuando obedecemos la verdad de Dios hallamos la paz mental y el gozo de hacer lo correcto. Negar la verdad únicamente nos traerá desgracia y nos robará de una vida de sentido y propósito.

Ven a Jesús que es “el camino, y la verdad, y la vida”. No te arrepentirás nunca.

 

 

¿Hacia dónde voy?

“¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Hacia dónde voy?” Quizá no has hecho estas preguntas con las mismas palabras, pero entiendes la necesidad de saber cuál es el propósito de la vida; tu vida.

¿De dónde vengo?

Esta pregunta básica no habla de tu nacionalidad, raza, lugar de nacimiento ni de tu ascendencia. Otra manera de hacer la misma pregunta sería: “¿Por qué nací?” Tú naciste producto de la relación entre un hombre y una mujer, como dice la Biblia: de “la voluntad de la carne”. Pero hay algo mucho más importante: tú naciste con un propósito. La Biblia lo declara así: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11). Dios te creó para su gloria y te creó con un gran potencial que él puede usar.

¿Por qué estoy aquí?

Esta pregunta está entrelazada con la anterior, la cual habla de tu propósito en este momento. Millones de personas hallan poco propósito día tras día. Enfrentan la vida sin energía y sin entusiasmo porque la vida les parece inútil. Otra pregunta que hizo un escritor de himnos fue: “Tú, ¿qué harás con Cristo?” Con Cristo como tu Señor y Salvador tienes razón por la cual vivir y morir. Puedes vivir para él hoy.

¿Hacia dónde voy?

La respuesta a esta pregunta está determinada por cómo respondes a las dos preguntas anteriores. Si le entregas tu vida a Dios y vives con propósito para él, tu destino será el cielo. Las personas que no tienen meta ni propósito para su vida normalmente acaban en la desesperación. Ayudar a otros es un propósito digno por el cual vivir, pero si allí termina tu meta, no hallarás la máxima satisfacción en la vida. No podrás responder satisfactoriamente a la pregunta: “¿Hacia dónde voy?” La Biblia dice: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. Necesitas una meta anclada más allá de esta vida. Necesitas vivir en vista de la eternidad: tu propia eternidad con Dios y la eternidad de aquellos sobre los que tienes influencia.

¿Cómo respondes a estas preguntas sobre tu propósito en la vida? ¿Buscas respuestas en la Palabra de Dios y por medio de someterte a su Hijo, Jesucristo? Tus respuestas importan mucho en este mundo y en el siguiente.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

 

 

 

 

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Details

Language
Español
Number of Pages
18
Series
Una mano amiga
Publisher
Reaching Out
Published
11/06/22
Topics
Child TrainingChurch and StateScience and the BibleSeparationThe Christian HomeThe Church

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