Rasgos de la vida egoísta

Una lista de diez muestras de una vida egoísta que indican un corazón carnal, y un desafío para elegir un llamamiento mejor y más alto por la gracia de Dios

 Note aquí algunas de las marcas y manifestaciones de la vida egoísta. El Espíritu Santo puede interpretarlas y aplicarlas a la situación suya. Al leer, examine su vida como si estuviese en la presencia de Dios. ¿Demuestra usted la vida egoísta? Tal vida se revela en:

1. Un espíritu de orgullo. ¿Tiene sentimientos exaltados a causa de su éxito o posición, a causa de su buena educación o apariencia, o a causa de sus dones y habilidades naturales? ¿Demuestra un espíritu independiente que se cree importante?

2. Un amor por la alabanza. ¿Tiene un querer secreto para ser visto por la gente o para tener la supremacía? Al conversar con otros, ¿se llama la atención a sí mismo? O cuando ha tenido ocasión de hablar u orar en público, ¿se ha sentido orgulloso o importante?

3. Impulsos de enojo. ¿Se irrita fácilmente, y trata de encubrirlo llamándolo nerviosidad o aun indignación santa? Cuando alguien desaprueba de usted o le contradice, ¿se le hace fácil resentirse y hasta vengarse? ¿Dispara palabras agudas contra otros?

4. La exaltación de su propia voluntad. ¿Demuestra un espíritu obstinado que rehúsa recibir instrucción? ¿Le gusta argumentar? ¿Es usted áspero, sarcástico e imperioso? ¿Suele demostrarse terco y sin la habilidad de ceder ante los deseos de otros?

¿Es su disposición una de criticar y encontrar fallas cuando otros lo ignoran o hacen decisiones que no le gustan? ¿Anhela los ruegos y consentimientos de otros?

5. El temor carnal. ¿Le controla el temor-al-hombre, que le hace evitar responsabilidades y deberes? ¿Usa razonamientos para evitar su cruz? ¿Temeque su dedicación a la justicia causará que alguna persona prominente piense menos o aun mal de usted? ¿Niega sus principios para agradar a otros?

6. Los celos. ¿Esconde usted en su corazón un espíritu de envidia? ¿Da lugar a los sentimientos negativos ante la prosperidad y el éxito de otros? Cuando alguien tiene más talento o recibe mayor aprecio, ¿se dispone usted a hablar de las fallas en vez de las virtudes de aquel individuo?

7. La deshonestidad. ¿Evita o encubre la verdad? ¿Esconde o minimiza sus propias faltas y se esfuerza por dar una impresión propia que es más de lo verdadero? ¿Demuestra usted una humildad falsa? ¿Exagera, “jugando” con la verdad? ¿Da una apariencia con una persona pero otra muy opuesta con otra?

8. La incredulidad. ¿Manifiesta un espíritu de desánimo ante las presiones y la oposición? ¿Hay en su corazón una falta de quietud y confianza en Dios, una falta de seguridad bien fundada? ¿Tiene usted una tendencia a quejarse y afanarse a causa del dolor, la pobreza o las pruebas que Dios permite? ¿Se pone muy ansioso al preocuparse por ciertas situaciones?

9. El formalismo religioso. ¿No le importa si los incrédulos se pierden? Y su propia relación con Dios, ¿se caracteriza por sequía e indiferencia? ¿Carece de poder espiritual en su vida? ¿Se encuentra con Dios regularmente?

10. La indulgencia. ¿Le atrae la vida cómoda, viviendo según sus apetitos y placeres aunque estos sean pasajeros? ¿Dependen sus gozos y tristezas sólo de sus intereses personales? ¿Desea mucho el dinero y las posesiones terrenales?

Estos son algunos de los rasgos que generalmente indican un corazón carnal. Por medio de la oración, mantenga su corazón abierto ante el faro de Dios hasta que no quede nada oculto. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23–24).

El Espíritu Santo le capacitará, por medio de la confesión y la fe, para dar muerte a este egoísmo. No quede satisfecho con remedios superficiales; cabalmente elimine sus problemas fundamentales. Sólo así gozará del éxito y de la vida nueva.

¡Oh, sálvame de mí mismo, Señor, Recógeme para ti!

Que mi vida no sea ahora “el yo” Sino Cristo que vive en mí.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).

–E. E. Shelhamer, adaptado

 

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